A 19 años de la crisis del 2001

El 19 y 20 de diciembre de 2001 se produjo uno de los peores estallidos sociales del país. Miles de personas salieron a las calles en contra de la crisis económica, el corralito y el hambre. La represión del Estado provocó la muerte de 39 personas, de los cuales siete eran niños y adolescentes.

La inestabilidad social y política llevó a la renuncia del entonces presidente de la Nación Fernando de la Rua. El 20 de diciembre, el mandatario salió en helicóptero de la Casa Rosada convirtiéndose en uno de los hechos más significativos de la historia reciente argentina.

La crisis del 2001 no fue solamente económica. Marcó un derrumbe social y la pérdida de la confianza en los políticos y el Estado.

Esta crisis fue producto de una serie de medidas que comenzaron a implementarse en la década de los 90. Tras el endeudamiento récord de la dictadura militar y la hiperinflación del gobierno de Raúl Alfonsín, el presidente Carlos Saúl Menem designó en 1990 a Domingo Cavallo como ministro de Economía.

En 1991, el economista logró que el Congreso apruebe la Ley de Convertibilidad del Austral. De esta manera, el peso argentino reemplazó al hiperdevaluado austral y la nueva moneda tuvo una paridad uno a uno con el dólar estadounidense.

El proyecto de «Mingo» Cavallo logró un éxito inicial con la reducción de la inflación y la estabilidad de los precios. Junto a una apertura comercial de las importaciones, las medidas habían sido bien recibidas. Sin embargo, el costo para mantener la estabilidad era muy alto.

Para sostener la convertibilidad, el Estado requería una enorme cantidad de dólares para respaldar el peso argentino. Sin embargo, el país no contaba con los suficientes ingresos en dólares. De esta manera, el gobierno de Menem comenzó a tomar deuda externa y privatizar empresas nacionales y fondos de jubilación.

A costa de mantener el «uno a uno», Argentina sufrió un proceso de desindustrialización, aumento del desempleo y la pobreza, endeudamiento y déficit en la balanza de pagos. La crisis recién comenzaba.

La deteriorada situación económica provocó un rechazo en la gestión de Menen. En 1999, el radical Fernándo de la Rua lo sucedió como presidente de la Nación, bajo la Alianza, un frente integrado por la Unión Cívica Radical y el Frepaso. De la Rua asumió con la promesa de terminar la crisis sin abandonar la Convertibilidad.

El ministro de Economía José Luis Machinea impulsó la toma de deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el aumento de impuestos y el recorte en sueldos y jubilaciones. En 2001, el ministro renunció ya que consideró que su «blindaje» había fracasado.

Ricardo López Murphy sucede a Machinea y profundiza sus medidas: bajas a las jubilaciones, ajustes en educación y postergación de pagos de sueldos. Sus medidas provocaron que renuncie a los 15 días.

El 20 de marzo asume nuevamente Domingo Cavallo como ministro de Economía. Para evitar el default, el economista implementó el Megacanje, postergar el pago de deuda a cambio de mayores tasas de interés.

Aunque de la Rua asumió la presidencia prometiendo terminar con la corrupción, la crisis económica fue acompañada con resonantes casos.

Una de las más relevantes fue el escándalo de coimas en el Senado o «La Banelco». Según las denuncias, el presidente Fernando de la Rúa habría sobornado a senadores peronistas opositores para que aprueben la ley de Reforma Laboral. El escándalo provocó la renuncia del vicepresidente Carlos «Chacho» Álvarez. El político denunció corrupción contra de la Rua.

El Corralito

Tras el anuncio del FMI que Argentina no recibirá más fondos, Domingo Cavallo declaró el corralito bancario el 3 de diciembre de 2001, la cual establecía que las personas podían retirar hasta 250 pesos por semana del banco. De esta manera, se impedía una posible corrida cambiaria.

La medida desestabilizó el país socialmente. La crisis y la incertidumbre política y económica provocaron la movilización social. En total se realizaron 7 huelgas generales y saqueos se realizaron en diferentes puntos del país.

La crisis

Tras la crítica situación social, el presidente decretó el estado de sitio, suspendiendo las garantías constitucionales.

La gente estaba en la calle participando de los cacerolazos o saqueando supermercados en búsqueda de comida. La noticia del estado de sitio movilizó a miles de personas hacia la Plaza de Mayo al grito del ¡Que se vayan todos!. Las protestas fueron reprimidas por el Estado.

En el mismo día, Cavallo y el grupo de asesores de De la Rua, conocido como Grupo Sushi, renunciaron y abandonaron al presidente.

Las protestas sociales en todo el país provocaron la muerte de al menos 39 personas.

En Rosario, Claudio Hugo «Pocho» Lepratti murió el 19 de diciembre por un disparo de la policía. Lepratti trabajaba en un comedor escolar. Al escuchar disparos policiales en el fondo de la escuela, el hombre se subió al techo al grito de: «¡Hijos de puta, bajen las armas que aquí solo hay pibes comiendo!», sin mediar palabras, el agente Esteban Velásquez le disparó en el cuello. En 2004, el homicida fue condenado a 14 años de prisión.

La Masacre de Plaza de Mayo fue el hecho más violento de la crisis. Nueve personas fueron asesinadas y cerca de 227 fueron heridos. A través del estado de sitio y con la autorización del secretario de Seguridad Enrique Mathov, la Policía Federal reprimió a los manifestantes de Plaza de Mayo y lugares aledaños. En 2016, diez acusados de la masacre fueron condenados a penas de 3 a 6 años de presión.

Renuncia

La situación económica y social se tornó insuperable. Tras perder todo apoyo político, el presidente De la Rúa escribió a mano su carta de renuncia. A las 20 horas, abandonó la Casa Rosada en un helicóptero.

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