HASTA SIEMPRE, D10S

Por Juan Cruz Vallory.

Pelusa, diegote, marado, Armando, d10s y el primer día después de la existencia de Diego (DM).

Había oido sobre él. Entendía que había hecho pasar papelones a uno de mis ídolos del club, Hugo Orlando «El Loco» Gatti, pero no importaba mucho, eso pasaba en otros colores, con siglas desconocidas y hasta en categorías ajenas.

Me puse a mirar la tele y encontré Japón 79. Argentina campeón y los millones de ojos
rasgados que se occidentalizaban cuando veían que la colgaba al ángulo, apilaba soviéticos -si señor, eran soviéticos e incluso se rumoreaba que entrenaban con robots- y el equipo jugaba como equipo, es decir, eran todos cracks y Pelusa no era uno más, pero tenía 10 a quien acompañar.

MALVINAS Y EL ESTADIO AZTECA

Argentina iba a la guerra. Los milicos en el gobierno ya habían explotado la pasión y locura del fútbol ganador (78) y los hijos peleando en el frio y fandangoso sur extracontinental eran como mucho para pensar en el rodar de la pelota o gritar goles.

Papelón. Aunque ya todos miraban a Diego porque las corría todas, metía magia, luchaba sin igual y su cuerpo soportaba dolores extremos. Además, hacía goles de cabeza y medía metro sesenta. Sobre todo, inventaba espacios ahí donde era imposible que haya. Si tenía que jugar en los mares del rojo Marte o en los hostiles terrenos de cualquiera de las 80 lunas de Saturno, atado de pies y manos, los DT contrarios le ponian una marca, por las dudas.

Y así llegó el estadio Azteca. Distinto al 79. Era él (Diegote) y 10 más. Qué digo una decena,
era ÉL y la delegación. Y lo logró. Llevó a la celeste y blanca a la cima. Campeonó y paseó
ingleses. Fue estrella de Hollywood y Golden Boy del football mundial. Con algún Valdano extra hasta hubiese sido goleador.

D10S

Kusturica lo buscaba. Fidel pedía por su sombra. Los cantantes, intérpretes, artistas de la música invocaban su presencia. Monarcas y plebeyos, jerarcas esclesiásticos y simples feligreses. Todos, recoletos y villeros, miraban su forma de pararse en la cancha, su elegancia al pegarle con el empeine o los tres dedos, la mano de Dios y como la acomodaba con la frente o la cien. Si le pegaba de puntín, exceleso, y cuando estaba concentrado en los malabares, no podias dejar de chusmiar.

Maradó, Maradó. ¿Quién sos? ¿Te crees Maradona? Decían cuando alguno pretendía hacer algo que superaba su talento.

Era el hijo de la Tota y don Diego, marido de la Claudia y el padre de las nenas. El pibe del targo de Francisco Canaro y sobre todo, aquel que decidió rebelarse al papel de hijo prodigo que el capitalismo le ofrecia. Dirigió la celeste y blanca y reivindicó a mis colores. “Un premio al grupo”, dijo e hizo más suave la presencia de la trampa y el negociado. Y como todos los que viven su vida como enormes espectáculos, se reservó lo mejor para el final.

Recaló un día sin fecha oficial, pero con el calendario repleto de futbol y una ciudad
estallada de alegrias, pasiones, colores, amor puro y fantasias. Millones que celebraban, sin
pensar en veredas de enfrente, unidos en el azul y blanco que; Maradona dixit “le robó el
corazón”.

Hoy es parte de la sonrisa de las personas. Así, con alegrias empezó a correr el calendario maradoniano, sean estos los primeros caracteres de la era DM.

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