Mirtha, nuevamente desafortunada.

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Es innegable que Mirtha posee una larga e importante trayectoria y que es un ícono en la televisión argentina, pero ¿a raíz de qué?

Sus almuerzos se caracterizan por la pluralidad y diversidad de sus invitados, pero, sobre todo, por sus polémicas preguntas: este fin de semana la “Chiqui” volvió a ser noticia por una desafortunada situación en la que insistió hasta incomodar al periodista Mario Massaccesi, a quien le preguntó en un primer momento por un secreto que él tenía y lo remató interrogando “¿Fuiste violado?”.

A pesar de que Mario supo responder con altura y sin hacer foco en el tema que, vale aclarar, él quiso evitar, las redes no perdonaron a la Diva y recibió un vasto y merecido repudio. A raíz de esto, pidió disculpas públicamente en su cuenta de Twitter.

No es la primera vez durante toda su carrera, y más aún, en estas últimas semanas en donde la protagonista de la Mesaza, erra con sus dichos y luego se disculpa, pero ¿cuán válida es esta actitud? Mirtha es poseedora de un gran poder e influencia, por lo tanto, debe ser responsable a la hora de decir o hacer, porque con esto, no hace más que reafirmar que “todo vale” en los medios.

La violencia de género -como aquel inolvidable y nefasto cuestionamiento “¿Vos qué hiciste para que te pegara? a Laura Miller sobre su ex marido-, el abuso sexual, como la pregunta a Massaccesi o la descarada e indiscreta homofobia evidenciada en su inicuo análisis a Roberto Piazza sobre la posibilidad de que una pareja del mismo sexo adopte a un chico y lo viole debido a “sus inclinaciones”, ¿son temas válidos de abordar tan crudamente por un punto más de rating? O peor, ¿es realmente por medir un poco más o solo demuestra día a día su insensibilidad?

Podemos justificar y comprender que, por cuestiones generacionales, es normal pifiar de esta manera, o podemos entender que Mirtha es totalmente consciente de que genera, como mínimo, incomodidad en sus invitados y que sus interrogatorios son un reflejo de su perversidad y falta de respeto.

Pero también debemos cuestionar por qué su programa es de los más vistos y por qué aún hoy existe gente que aplaude este tipo de situaciones y consume este contenido, a sabiendas de que estos malestares ocasionados a sus “agasajados” no son casos aislados y que, por el contrario, cada semana, se repiten hacia alguien distinto.

Mirtha fue, es, y seguramente será por mucho tiempo un ícono en la tv argentina, pero no por eso se le debe perdonar que genere desinformación, que banalice temas serios y sensibles y, sobre todo, no se debe permitir que se excuse o escude detrás de su “sinceridad” o “espontaneidad”, que, en realidad, bien sabemos, no es más que hiel, disfrazada de miel.

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