Pablo Cordonet: “me tengo que reinventar porque mi profesión tal y como era no sirve más”

El comediante cuenta cómo se siente con el aislamiento social, preventivo y obligatorio por el coronavirus que llegó en marzo. Una situación que complica a muchos sectores de la sociedad y uno de ellos es el artístico por lo que “estamos remándola en dulce de leche desde el espacio virtual”, exclama Cordonet. (Por Agustina Ailen Chiappolini)

     También es actor, músico, autor y director, un hombre multifacético que descubrió su pasión por el teatro a los 13 años en los actos escolares y no se alejó nunca más del escenario. Con la crisis económica argentina en el 2000, él junto a un grupo de amigos se la jugaron y abrieron el Teatro Ensamble. Recuerda que “surgió como una idea chiflada que después no se pudo parar”, primero en un esquinita de Temperley y, luego, se desplazaron a Banfield, barrio del cual es oriundo, ambos lugares en la zona sur del conurbano bonaerense.

     Llevó su stand-up a Venezuela en el 2010 y una de sus obras llegó a Barcelona donde la realizan en distintos festivales. Un humorista que nunca dejó de trabajar y que venía llevando una rutina que cambió completamente con la cuarentena.

  • La mayoría de las veces empezar con una profesión cuesta, a algunos más y a otro menos, ¿en tu caso cómo fue?
  • A mí me agarró de chico, termino la secundaria, empiezo la facultad y entre mis 19 y 20 años se fue todo al carajo por la crisis del 2000. Entonces ese movimiento tan dramático, donde mis viejos se quedaron sin laburo y se tuvieron que ir a España con mis hermanos, yo me quedé solo acá. Digamos que fue duro por la cuestión que sobre el artista hay una visión prejuiciosa y boluda de algunas personas de decir “con esto te vas a cagar de hambre y con esto no”. Obviamente que lo que nos toca a los actores es siempre el “uh” antes de la frase. Pero en mi caso era perdido por perdido porque la verdad que ante la crisis no me quedaba otra que hacer algo que me hiciera feliz. Así que, aposté todo. Lo duro fue el contexto pero lo favorable fue que no tenía nada que perder.        
  • ¿Y ahora?
  • De la noche a la mañana cambió y ya no trabajo más como trabajaba y me tengo que reinventar porque mi profesión tal y como era no sirve más. Es muy duro porque estoy viendo qué hacemos ahora, qué hacemos con todo lo que adquirimos, si realmente sigue sirviendo, si me convertí en una anécdota o si tengo que resignificar el rumbo de mi vida respecto a mi profesión. Hay días que son más sencillos y otros más complicados, pero es duro y difícil para mí. Lo trato de llevar con la mejor.
  • Con el aislamiento la mayoría de las personas están remándola, ¿qué está haciendo el Teatro Ensamble?
  • El Ensamble volcó sus actividades al espacio virtual de Youtube, estamos haciendo cuatro espectáculos en vivo por semana y uno grabado que son las obras de teatro los sábados, pero el resto tanto el stand-up como el café concert dos veces por semana y el ciclo de música los domingos son en vivo. Se están emitiendo desde mi casa con mi hijo en una iniciativa mía y de él de sacar los espectáculos desde esa plataforma. Así que, se puede decir que estamos remándola en dulce de leche desde el espacio virtual pero sin perder la esencia del teatro que es en vivo. Lo estamos haciendo desde una casa sin un peso de producción con todo el ingenio de los integrantes del Ensamble en pos de hacer algo nuevo y de volver a sorprender al público.  
  •  ¿De tu amistad con Nelson Valente surgió el Teatro Ensamble?, ¿cómo se fue desarrollando la idea?
  • Con Nelson nos conocimos en el año 96, trabajamos en el teatro Payró y por cuestiones políticas que cambió el gobierno, al teatro lo desmantelaron y nos quedamos sin sala. De ahí surgió la idea de tener una sala propia, alquilamos un local chiquito en una esquina de Temperley y, luego hicimos esta idea del Ensamble como lugar multidisciplinario y múltiple espectáculo. Surgió como una idea chiflada en el 2000 que después no se pudo parar y que nadie quería parar. ¡Y las trabas en el camino fueron millones! Son obstáculos que te hacen ver que el camino no es fácil y que superarlos te da la experiencia de que puede venir otro obstáculo parecido, pero hay que seguir corriendo como Forest.
  • Y respecto a la expansión que tuvo con el restaurante, la galería y las salas con talleres, ¿fueron a partir de ideas de ustedes o de demandas de los vecinos?
  • Las mutaciones que ha sufrido el Ensamble fueron por necesidad ya sea del público o nuestra, pero todo tuvo siempre el gran elemento de recibir la demanda y de estar atentos a los que pasaba a nuestro alrededor para hacerlo crecer. Así que obviamente que la demanda de los vecinos y el público está presente y está presente porque nosotros mismos también somos esos vecinos y somos los más chiflados que tiene el barrio.
  • Sos padre de una hermosa nena y de un adolescente que es un genio que te ayuda con las filmaciones que podemos ver a través de tus publicaciones en Instagram, ¿cómo hacés para dividirte entre tu trabajo y la familia? ¿Y ahora en esta situación de aislamiento como llevás las cosas?
  • Mi familia me conoce en ese sentido, soy una persona que, antes del virus,  trabajaba muchas horas fuera y dentro de casa, como que mis hijos y mi compañera sabían y saben como viene la cosa en cuanto la profesión y me acompañan. Pero nos hemos complementado de una forma de que el tiempo que estemos juntos podamos aprovecharlo y divertirnos juntos, compartir ideas y experiencias. Yo los incluyo en mi trabajo porque es permeable y Manu (mi hijo) venía al trabajo y actuaba, ahora que está más grande quizá no le interesa tanto pero participamos desde otro lugar.
  • ¿Por qué en tus stand-up nombras mucho “lo barrial”?
  • Porque el barrio es la sangre mía, yo nací en Banfield y me encanta. Me parece que el barrio es cultura, es historia y es ADN. Entonces utilizo mucho el tema porque hay elementos comunes. El barrio es la base del hombre y de la mujer, es la raíz, hay una cosa del barrio que tiene que ver con el descubrimiento, con el génesis, es todo. Me parece que cualquier cosa de ahí se hace común, se puede compartir y se transforma en risa. Lo que hace el barrio es reflejarnos desde un lugar que ya pasó porque cuando creces ya no es el mismo. Es un telar para cortar.

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